David Preciado Martinez nuevos espacios para oficinas
David Preciado Martinez nuevos espacios para oficinas

Repensar la oficina: la mirada de David Preciado Martínez

Durante mucho tiempo, planear una oficina corporativa fue casi un ejercicio matemático: contar empleados, medir metros cuadrados y repartir escritorios y salas. El arquitecto David Preciado Martínez sostiene que ese enfoque ya no funciona. Hoy la oficina debe equilibrar concentración y colaboración, adaptarse a esquemas híbridos, integrar tecnología y cuidar la luz, la acústica y el confort, sin perder de vista el crecimiento de la empresa.

Para él, el cambio más importante es que el espacio corporativo ya no se da por hecho: como se puede trabajar desde cualquier lugar, la oficina tiene que ofrecer algo que la casa no puede dar. Ya no es solo un lugar de trabajo, sino la infraestructura que hace funcionar mejor a una organización.

Un mercado que se transformó, no que colapsó

Aunque se pensó que el trabajo remoto acabaría con las oficinas tradicionales, los datos que revisa David muestran lo contrario. En el segundo trimestre de 2026, el mercado de oficinas de mayor categoría en la Ciudad de México tuvo una absorción de más de 100,000 metros cuadrados, con una disponibilidad cercana al 20%, y una demanda que exige espacios flexibles, bien equipados y con criterios ambientales. Guadalajara y Monterrey muestran tendencias parecidas: menor disponibilidad, rentas competitivas y preferencia por oficinas ya acondicionadas. La conclusión de David es clara: la pregunta ya no es si las oficinas sobrevivirán, sino qué tipo de oficinas lo logrará.

Contra la moda del espacio abierto

David critica que el diseño se haya vuelto una receta única, como ocurrió cuando eliminar muros y privados se volvió sinónimo de “modernidad”. Para él, colaborar es solo una de varias necesidades: también hace falta concentrarse, tener privacidad o hacer videollamadas. Estudios recientes respaldan esto, mostrando que la productividad mejora cuando las personas eligen cómo y dónde trabajar, y que buena parte de los empleados termina ajustando su espacio por cuenta propia debido a fallas de diseño. Por eso insiste en que cada oficina debe diseñarse según cómo trabaja realmente cada empresa, combinando zonas individuales, colaborativas, de concentración y de descanso, en lugar de seguir tendencias estéticas.

Distribución, flexibilidad y silencio

La distribución sigue siendo, para David, un principio esencial: cuando está bien resuelta parece simple, aunque cambiarla después resulta costoso y complejo. Por eso diseña pensando en cómo crecerá la empresa, usando soluciones modulares y flexibles que eviten remodelaciones constantes. Otro punto clave es la acústica: quitar muros no genera colaboración, solo ruido, así que el confort sonoro debe planearse desde el inicio para permitir distintos niveles de privacidad y concentración.

La experiencia como valor central

La luz natural, el confort térmico y la calidad del aire no son detalles decorativos, sino parte del desempeño básico del edificio, y lo mismo aplica a la tecnología: las salas híbridas deben diseñarse pensando en videollamadas desde el principio, no adaptarse después. Todo esto conecta con una idea que le interesa mucho: la oficina como experiencia. La pregunta ya no es solo funcional, sino qué le ofrece la oficina a alguien que también podría trabajar desde casa.

Valor inmobiliario y sustentabilidad genuina

Al evaluar un inmueble, David prioriza la eficiencia de las plantas, la capacidad de adaptarse a distintos usos, una infraestructura sólida y buena conectividad urbana. En los desarrollos de uso mixto, remarca que combinar oficinas, vivienda y comercio exige compatibilidad real entre funciones y ritmos. Y sobre sustentabilidad, es crítico con las soluciones superficiales: para él, un edificio sustentable es aquel cuyo desempeño ambiental puede medirse, no el que solo aparenta serlo.

Diseñar con datos, sin perder el detalle

David defiende que la arquitectura corporativa ya no puede basarse solo en la intuición: antes de proyectar, analiza cómo se usa realmente el espacio, aunque marca un límite ético claro entre medir para entender un edificio y vigilar a las personas. También insiste en que los pequeños errores de diseño, repetidos por toda la oficina, pueden arruinar un buen concepto.

Resume su enfoque en cinco ideas: diseñar según las actividades reales, crear variedad de espacios, anticipar el cambio, integrar arquitectura y tecnología desde el inicio, y evaluar el desempeño después de la ocupación.

Una oficina pensada para las personas

David no cree en modelos únicos —ni la oficina totalmente abierta, ni la privada, ni el trabajo completamente remoto—, sino en la convivencia de varios esquemas, donde la flexibilidad será la cualidad más valiosa. Aun con más tecnología e inteligencia artificial, considera que la oficina seguirá cumpliendo una función profundamente humana: ser el lugar para concentrarse, conversar, crear y construir vínculos. Para él, una buena oficina no se mide por cuántos escritorios caben, sino por qué tan bien ayuda a que la organización funcione.